jueves, 28 de agosto de 2008

adios

como estaba duchándome, no podía diferenciar el agua dulce de la salada.
fue entonces cuando valoré la humildad para reconocer los errores,
desdeñé el orgullo
y decidí que ya todo estaba muerto y enterrado

1 comentario:

María S. dijo...

precioso, tanto el texto como la foto